Pensamiento Exponencial

El ser humano piensa de forma lineal; así es como nuestro cerebro está programado. Nuestros antepasados necesitaban reconocer patrones de…

El ser humano piensa de forma lineal; así es como nuestro cerebro está programado. Nuestros antepasados necesitaban reconocer patrones de acontecimientos muy cercanos para, por ejemplo, predecir los cambios de estaciones. Fue este tipo de programación el que nos ayudó a sobrevivir, pero hoy nos está jugando en contra.

Seguimos pensando de forma lineal; pensamos que las cosas avanzan a pasos parejos y lineales.

Sin embargo, la realidad es diferente ya que ésta avanza de forma exponencial. Desde el crecimiento poblacional hasta el calentamiento de la tierra, esos sucesos pasan de forma exponencial, pero tratamos de meterlo en nuestros patrones lineales.

Estos conceptos se volvieron muchos más claros con la llegada de las tecnologías de la información. En 1975, una de las computadoras más potentes era la Cray-1, que costaba US$8.86 millones y tenía una capacidad de procesamiento de 80 megaflops. Generalmente a esas computadoras las podías encontrar en grandes bancos y empresas líderes en tecnología. Basta comparar esa computadora con lo que tenemos en la actualidad. Después de 38 años ya contamos con el iPhone 6S, que tiene un valor de US$650 y supera los 115 gigaflops. Es decir, los dispositivos que llevamos actualmente en nuestro bolsillos serían considerados como las mejores supercomputadoras hace tan sólo unas cuantas décadas. Eso se debe a que la tecnología sigue la Ley de Moore, la cual dice que aproximadamente cada dos años se duplica la velocidad de procesamiento, o también lo podemos interpretar como que se reduce su precio por la mitad. Por eso, hoy podemos comprar computadoras que tienen unas 1,400 veces más velocidad de procesamiento y que son unas 13,500 veces más baratas.

Es un problema pensar linealmente en un mundo que está regido por las tecnologías exponenciales.

Si no cambiamos nuestro paradigma mental, ese pensamiento nos va a jugar en contra. Seguramente han escuchado múltiples veces el caso de Kodak e Instagram. Muchos incluso se han aventurado al decir que el segundo desplazó al primero. Pero eso es falso, la irrupción de Instagram no tiene nada que ver con la caída de Kodak. La comparación que yo hago entre estas empresas va más por la forma del uso de la tecnología. Kodak se fundó en 1892 y llegó a valer US$28,000 millones en 1996. Le tomó 104 años llegar a esa valorización. Mientras que Instagram, en tan sólo dos años y medio, creó algo desde cero que fue vendido a Facebook por US$1,000 millones. ¿Cómo puede una empresa llegar a valer tanto en tan poco tiempo? Eso es gracias a que ahora las tecnologías están permitiendo crear valor de una manera más rápida. Es más, en el momento de la adquisición de Instagram, la empresa sólo contaba con trece trabajadores. Ése es el poder de la tecnología, pero a nuestro cerebro le cuesta mucho entenderlo.

Aún más interesante es cuando estas tecnologías exponenciales nos abren nuevas oportunidades para desarrollar innovaciones que antes no eran posibles. Un claro ejemplo de esto son los autos autónomos que mencioné en mi post pasado. De la noche a la mañana, todos nos encontramos hablando del auto autónomo de Google o de Tesla como si fuera una creación de este año. La tecnología base para esta innovación es la inteligencia artificial, una tecnología tan antigua como la computación misma. En 1950, Alan Turing publicó un artículo científico titulado “Computing Machinery and Intelligence”, en el que propuso la pregunta “¿puede una máquina pensar?”. Tan sólo seis años después se establecería la frase inteligencia artificial en Dartmouth College, y esta tecnología iría mejorando lentamente, pero de manera exponencial. La inteligencia artificial que conocemos hoy ha cambiado muchísimo, y esto se debe principalmente a dos motivos: mucha investigación y el incremento exponencial de la capacidad de procesamiento. Ahora que contamos con computadoras suficientemente veloces, de tamaño reducido y de módicos precios, podemos implementar ese poder de procesamiento en un auto y volverlo autónomo.

¿Qué otras innovaciones no vemos debido a esta miopía tecnológica? Eso lo dejaré para otro post; en él explicaré lo que es la decepción de lo lineal y exponencial, y cómo entenderla nos permitirá ver tecnologías antes de que se vuelvan disruptivas en el mercado.

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¡Hola! Soy Jaime Sotomayor, gerente de Aceleración en Wayra Perú (aceleradora global de startups digitales de Telefónica Open Future). Cada dos miércoles publico en mi blog Darwin Digital en SEMANAeconómica un nuevo artículo relacionado a innovación, tecnología y emprendimiento. Te invito a que te suscribas a mi newsletter gratuito en la web jaime.pe para que no te pierdas ninguna noticia. También puedes seguirme en Facebook y Twitter, donde diariamente comparto novedades.

Originally published at semanaeconomica.com on August 4, 2016.